Estoy triste, no me preguntes el ¿por qué?
Sería difícil responder y el silencio se haría interminable.
Siempre que no te tengo ocurre lo mismo:
se paralizan los relojes, se duerme el tiempo,
la tristeza se hace dueña de mis horas
y en cada minuto se ahoga un llanto,
un llanto de nostalgia y soledad errantes.
A veces temo que tantas lágrimas reprimidas
maten a mi corazón enamorado.
Estoy triste, pero no importa; sigo esperando…
Tu silueta angelical está por llegar
y entonces tus ojos se encontrarán con los míos;
tu voz acariciará mis oídos,
y habré olvidado
que estaba triste y no quería decir el ¿por qué?
El autor es estudiante de Historia y Política en Las Tunas, Cuba.

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