martes, 27 de marzo de 2012

Los impostores: reflexión hacía el fin del rumbo – Mitchell De León**


Recientemente tuve el placer de leer la novela “Los impostores” del escritor colombiano Santiago Gamboa.  En ésta el ingenioso escritor nos muestra a través de múltiples voces su dominio del lenguaje, los tiempos y sobre todo una trama que hace no querer soltar el libro para ir al baño. Esta pluralidad de voces, en principio acostumbrada en la obra de Gamboa, me hizo en cierto momento despreciar a uno de sus personajes por su escualidez y patetismo a través de su historia. Sin embargo, estos días me parece muy oportuno repensarlo y darle una segunda oportunidad en la vida.
Nelson Chochún Otalora representa un profesor latinoamericano que vive anhelando el reconocimiento internacional por su obra literaria. Sin embargo a pesar de haber escrito varias novelas y auto distribuirse por la librerías, apenas logra que sus amigos cercanos lo lean. Sus amigos literarios lo celebran y le auguran un futuro formidable y por eso él vive creyendo que lo están marginando de algún modo. A pesar de que en la trama este cobra una importancia por otras razones que no mencionaré (para no dañar la lectura), al reevaluar mi travesía por la trama me di cuenta que posiblemente a eso nos estemos dirigiendo los jóvenes que abrazamos la literatura, olvidándonos de los grandes obstáculos que representa el anhelar vivir puramente del arte.
Más allá del tiempo dedicado a la lectura, los rechazos, la carencia de mercado (en Puerto Rico), se nos olvida que los tiempos de la gran literatura han cambiando y que hace un siglo prácticamente, se nos ha “profetizado” que es tiempo de reevaluar nuestros medios de expresión y cambiar el enfoque. Vivimos en una burbuja de exclusión y lo que llega a la isla es el excedente cultural de Europa, Estados Unidos y uno que otro latinoamericano que se cuela en los supermercados y la “microburbuja” de Río Piedras.  Vivir en esa burbuja nos condiciona el pensamiento y cohíbe nuestra capacidad de Deconstrucción y creación.
Digo esto pues reevaluando aquel personaje que tanto repudié en la obra, entendí que hay que aprender a trascender el modelo de literaturas nacionales–aunque ya esto se ha hecho bastante en todo Latinoamérica– me he dado cuenta que en nuestra isla, usualmente solo nos remitimos a la generación del 70/80 y a clásicos como Zeno Gandía y Alonso, olvidándonos de una fructífera gama de escritores y propuestas que existen en este espacio geográfico pero que no necesariamente navegan dentro de la corriente nacional. Estos salmones –por así decirlo– deberían representar el futuro de nuestra literatura. Sin embargo apenas logran salpicar las costas de Río Piedras y su obra poco a poco se difunde entre los adeptos a este arte.
Chochún Otalora nos induce a repensar el modelo. El autor (Gamboa) lo presenta como un escritor que desde un modelo nacional aspira al mundo y tal vez por eso su obra no trasciende. ¿Cómo un lector se podría interesar por un desconocido, cuando históricamente hay gigantes que le preceden? O en otras palabras del refranero común: Más vale malo conocido que bueno por conocer.
La literatura en la isla crece a medida que la retomamos dándole oportunidad a estirpes perdidas, a la renovación literaria que hace más de una década florece bajo la sombra de los gigantes petrificados. Gigantes como Adorno y Walter Benjamin nos avisaron sobre esta situación, pronosticándonos el fin de la literatura tradicional. Nosotros (los adeptos a la literatura) debemos repensar y tomar acción a través de esos géneros menores que como gérmenes van ocupando el plano tradicional. Poco a poco veo que son más lo que lo hacen. Pero más aun son los que aspiran a lo tradicional.
Tomar estos géneros menores significa una reestructuración de carácter cualitativo y cuantitativo. Si antes los libros valían por peso y calidad. Hoy se valoran por “liviandad” e interpretación. Mientras más corto y profundo mejor. La capacidad de síntesis nace o si no la obra muere. La linealidad argumentativa se entre corta y el cierre contundente (en algunos casos) se omite(como en el mapa y el territorio de Houllebec). Saber esto nos reta y hasta en cierto sentido nos frustra pues parece más una debacle que una verdadero sentido de renovación.
Sin embargo a pesar de la aparente debacle y la reconfiguración estética creo que aquí está nuestra oportunidad. Aquí está el espacio en donde la literatura en Puerto Rico puede tomar el liderato y solidificarse. Nuestra historia lo permite. Somos los fragmentos que se unieron en el tiempo y por ello somos los que mejor podemos fragmentar con razón. Por eso más allá de subvertir al personaje (Nelson Chochún Otalora), la historia, y promover la indiscreción creo que es tiempo de tomar al toro por los cuernos o quedarnos viviendo del sueño ante el vino y el queso con nuestros amigos literarios.


**El autor es estudiante de Geografía y Literatura Hispanica en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras 
Contacto: http://mitchelldeleon.blogspot.com

lunes, 19 de marzo de 2012

Repelente Criminal – Mariela Pabón Navedo**



              Juro que traté de ignorar, las ganas de entrometerme en esa conversación. Y estuve a punto de lograrlo... Ganas no me faltaban de estar, el menos tiempo posible, en ese baño que todavía guardaba las pestilencias de la tarde anterior. La conversación se hizo inevitable, cuando el cubículo de al lado, se abrió en desmedida energía y escándalo. Desde ahí salía esta voz, irónicamente, pastosa que junto a su parsimonia arrastraba la última vocal de cada palabra. “El mío me lo regaló mi novio en San Valentín y dijo que me compró el azulito porque pega con mis ojos, miren.” Las demás, en un chillido unísono, contestaron “¡Ay que lindo!”  Pero no fue hasta que la chica de las palabras largas dijo; “Ahora sí que estoy súper ready...” que empecé a maquinar. ¿Ready pa’ que? Me corrompió una intriga impulsiva de averiguar cuál era el objeto, que causó tanta conmoción entre las chicas y salí despavorida, olvidando hacer, algún acto de disimulo para obviar mi investigación “cubicular”. Nunca se me hubiese ocurrido que este nuevo ítem, que para ella era azulito y lindo, estaba por hacer una pandémica aparición en mi vida. 


El resto del día en la universidad, fue una locura. Mi profesora de francés sacó uno en medio de la clase y habló por dos horas, sobre lo práctico y necesario que era tenerlo accesible. Mientras tanto, una compañera de clase, interrumpiendo sus emotivas anécdotas, me decía en susurros, “Loca, ayer como que, estaba paseando al perro, loca y casi lo uso.” Todas alardeaban, incluyendo a la maestra, de sus últimas adquisiciones. “Profesora, en Burger King los están regalando con el combo agrandado...” Se escuchó un “¡Queee!” rotundo y anormalmente alargado que dio inicio a el alboroto, que próximamente se formó en el salón. Mientras unas los describían verbalmente, otras que lo tenían en sus carteras, los sacaban emocionadas, esperando ser la envidia de las demás. Fue tal la estimación que recibió, desde su primera aparición protagónica en la pasada huelga estudiantil, que una huelguista sacó uno de su cartera con la cara del Ché. “Hasta la victoria siempre.” Dijo, presentándolo con una mano al aire y la otra posada en el corazón. Habían de todos los colores, formas y texturas; en forma de lipstick, corazones, estrellas, de marca, imitación, en llaveros, venían en collares o pantallas, y todo un amplio y adorable repertorio, de la popular herramienta de defensa personal.


            Salí de la clase confundida. ¿Acaso yo era la única desarmada en el recinto? Nadie podía saber esto. Imagínense, presa fácil para los depravados sexuales que andan por ahí sueltos. Estuve el resto del día nerviosa, mirando para todos lados, dudando de cualquier persona que casualmente se dirigiera al mismo lugar que yo. Esa semana, las portadas del periódico, hacían una alarmante cifra de asaltos por pie cuadrado. Traté de seguir con lo que alguna vez fue, mi firme postura pretensiosa, en la cual creía, limitadamente, que mi inteligencia se iba a sobreponer sobre cualquier adversario. Pero, por cuestiones obvias, no quería ser un blanco fácil del crimen, tenía que adquirir este innovador producto que según mencionaron en un artículo de El Nuevo Día, era “El nuevo pesticida del crimen.” Era un accesorio y elemento esencial del fichureo bizarro del momento. Así que compré por internet, el Iphone de los gases lacrimógenos; tenía una alarma para cuando se acercara el criminal, una bombilla que prendía y apagaba con un alcance espacial, por otro lado, el gas llegaba a casi 40 pies de distancia y tenía distintos módulos de disparo como “Sniper shot”, “Mist mode”, “Potential Criminal mode”, entre otras alternativas que me permitían tener un acierto infalible. 


            Me llegué a creer indestructible. Estuve semanas visitando lugares, que había parado de visitar. Iba a barras de mala muerte, volví a mirar mal a la gente, tocaba bocina en los tapones e incluso, a un muchacho que se tropezó conmigo, le dije “Mira ten cuidao’...” No volví a sentirme persiá hasta que, de mala gana, me di cuenta de algo aún más alarmante que la cifra en si. Desde que salió aquella portada en el periódico, nadie caminaba en las calles a altas horas de la noche, sin el chaleco anti-balas y el casco anti-balas perdidas. Había todo un protocolo de preparación para salir, aunque fuese solo a pasear al perro o a botar la basura. Seguí siendo pretensiosa, con o sin, el gas pimienta. Inteligencia y pepper spray...los criminales se jodieron conmigo. Eran las 12 de la media noche, caminaba por Santurce, con una mano descansando en el pepper spray, que guardaba en un estuche en mi correa, como si fuese vaquera. Escuché unos pasos sospechosos detrás de mi. “Psst...” Ay bendito, si este supiera... Pensé, mientras me viraba confiada, alcanzando la lata colorida en mi cintura. Lo que no me imaginaba era que la nueva tendencia en la moda criminal, era asaltar con máscaras antigas.



**La autora es estudiante de escritura creativa en la U.P.R. de RíoPiedras,  Para acceder a otros trabajos de la autora y ver el "post" original, diríjase a: http://marielapabon.blogspot.com.es/2012/03/repelente-criminal.html

martes, 13 de marzo de 2012

Alternativa Literaria– Desde los escritorios de Occupay

  Somos,


 el rasguño hambriento pintado en las paredes de otros,


el haiku irregular que adorna la calle,


la conciencia compartida a través del mundo binario,


sómos los hijos de la red,


nuestros sueños no son los de nostalgia.


Somos la jerga que rejuvenece la lengua y


el localismo global.




Nuestros altares están en los inframundos,


pintados con hojalata de cervezas viejas,


la mugre que brilla en la noche húmeda.




El street samurai,


el neojíbaro.


Nada de lo que nos ha sido legado está prístino,


y nos gustan esos bordes despintados.




No te escribiremos la televisión


porque escribimos con fuego y furia.




–Occupay

lunes, 12 de marzo de 2012

Oda al autocorrect– Víctor Rosario**





Los llamados pseudomerlinianos no suelen revelar sus secretos, pero yo soy de Jobs, así que aquí va el procedimiento. En una propuesta que he denominado rescatando la voz poética del escombro pan-africano ( por lo cual algunos críticos han puesto el apodo profano de “Edgar Allan Crow” con el intento de tildarme de intolerante, el cual me rehuso a aceptar), me he dado a la tarea de escoger textos notorios por su impronunciabilidad y someterlos a una limpieza lingüística digna de la mano de Eva. Empezamos con un fragmento de “Dacti dung baal”, una obra de Bárbara Jacobs, mexicana heterodoxa de tanto talento como ingenuidad. Se traducirá primero al español y luego al inglés, para representar ambas lenguas de la poesía culta.





Dok yur laza tivasit, fomi rupectid dilas majanter. Sofacticres dubsi, naje. Sifosset defares, sar ubi. Ticam ele somi, duf majshar ner ruba. Suldire lese missumte, lese difar. Butesi yah nevi, saf lante nei kuffit.



Don turismo laza tivasit Goñi rupestre fila manante. Sócrates su si baje. Dioses segares, dar uni. Tocan ele domingo, sur manejar Jerusalén tuba. Sulfure pese miss unte, pese rifar. Buféis ya negó, saf lacte Neri Kurdistán.





Dom your Paz to así, comí rupert dials man anger. Sofa rice Dubai, Jane. Sofia’s decades, sad obi. Tics else similar, dud mans had net tuba. Sulfide less missy te, less cigar. Bureau yah nevi, sad LAN nei outfit.







Bárbaro.












**El autor es estudiante en la Universidad de Puerto Rico recinto de Río Piedras







Punta seca– Fernando Mercado**




Raspada quedó esa silueta en el aire. 
Punta seca sinuosa entre los humos 
de aquel bar malamuerte.
Detrás, coito de brumas
el bisness soñoliento de esquinas
supra-jeringuíllas del espacio
neo adictos, entranzados
con la sinuosa, líneas marcadas,
brillantes en el humo,
lagañas del cigarrillo,
El angel no lamenta la pérdida de su honra 

está callado en las movidas,
el pulso sincopado
que se pierde
en la baja gravedad
de sus labios.






**El Autor es antropólogo y escritor .



jueves, 8 de marzo de 2012

Sobre ocupar la literatura



En Occupay entendemos que el lenguaje es el arma más poderosa. Así como los pueblos se unificaron con el lenguaje (bajo normalización) este tiene la capacidad de liberarnos de las estructuras de poder. Es por eso que motivamos a la ocupación del mismo. Sabemos que desde la periferia, coexisten la voces que han de señalar aquellos puntos que como individuos no vemos o que nuestras imaginaciones –a veces– nos limitan.
            Ocupar la literatura se trata de atreverse a salir de la conformidad. Atreverse a explorar la imaginación y dar a conocer las voces que habitan en nuestra mente. Buscamos voces atrevidas, desconcertantes, conservadoras y liberales. En otras palabras un “sancocho” literario. En Puerto Rico existe una literatura que no tiene nada que envidiarle al resto del mundo, pero es nuestro deber promoverla y darla a conocer.
            Hoy día con el auge tecnológico existen muchas maneras de publicar y darnos a conocer. Sin embargo esta diversidad también puede ser un agente excluyente. La marea mediática nos mantiene bajo la sombra de las grandes compañías y páginas webs. Es hora de que esa pluralidad la unifiquemos en un esfuerzo capaz de trascender las limitaciones de nuestra Geografía. Ayúdanos a promover la cultura literaria en Puerto Rico y  seamos parte de la ocupación.




- Mitchell de León**




**El autor es estudiante de Geografía y Literatura Hispanica en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras 

Estoy triste - Deyler del Prado**


Estoy triste, no me preguntes el ¿por qué?
Sería difícil responder y el silencio se haría interminable.
Siempre que no te tengo ocurre lo mismo:
se paralizan los relojes, se duerme el tiempo,
la tristeza se hace dueña de mis horas
y en cada minuto se ahoga un llanto,
un llanto de nostalgia y soledad errantes.
A veces temo que tantas lágrimas reprimidas
maten a mi corazón enamorado.
Estoy triste, pero no importa; sigo esperando…
Tu silueta angelical está por llegar
y entonces tus ojos se encontrarán con los míos;
tu voz acariciará mis oídos,
y habré olvidado
que estaba triste y no quería decir el ¿por qué?

El autor es estudiante de Historia y Política en Las Tunas, Cuba. 

lunes, 5 de marzo de 2012

Promecía - Mitchell De León**






En este país tan frío
  Donde me ha olvidado el amparo:
            Los callos como amigos me saludan,
            El hambre a mi puerta se asoma
                        y el bolsillo solo exhala.
Me he dispuesto
             A funcionar en función de lo legado
                        A deconstruir la cultura ante el miedo.
Y aunque mi invisibilidad se note a leguas
            Entenderé a este ruin que aún me lleva el oro
                        Pero le llevo su lengua
                                    Y la gozo
                                                La amortiguo
                                                            La río
Y la cago.
            Por que si
                        Por que me lo merezco
Por que si romántica ha de ser la añoranza
Que post-románico sea mi declive.

Y la burbuja acostumbrada que se calme
que aunque extraño su acogedora tutela
Reviento de furia ante sus calumnias.

**El autor es estudiante de Geografía y Literatura Hispanica en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Contacto: http://mitchelldeleon.blogspot.com/2012/03/promecia.html

domingo, 4 de marzo de 2012

Modern Times - Reynaldo Aponte**


Modern Times
I
Aquel veintidós de agosto de 2011, tal como lo había planificado, Raúl abrió los ojos por primera vez después de tres décadas en estado de coma. El doctor Douglas, cuyo padre recibió al recién ingresado poco después del fingido accidente en la autopista número dos en 1981, apenas reaccionó al ver a aquella momia resucitar casi naturalmente, por su propia voluntad.
Los dos hombres se miraron mutuamente por medio segundo, cada cual para confirmar que lo ocurrido era cierto. Para los dos, el suceso fue un alivio: Douglas tendría un moribundo menos que cuidar, y Raúl ya habría superado la primera parte de su plan. Raúl notó que ya no estaba en la misma sala en donde su fallecido cómplice, Douglas padre, lo había inducido a la coma por acuerdo secreto, y que ahora estaba a sólo dos pasos de la morgue del hospital.
–Pensaron que iba a morir. Idiotas- se dijo Raúl.
–Y no está mal pensarlo. Su familia lo sabe todo – respondió Douglas con la misma indiferencia con que lo vio despertar.
Ignoró esas últimas palabras e intentó recogerse. La parsimonia del doctor terminó por agobiarle, y se levantó para lavarse la cara. Casi había olvidado los años que habían pasado desde que se miraba en un espejo, y descubrió un poco sorprendido su cabeza calva, y los parchos de cabello que quedaban ya sin rastro de pigmentación.
- ¿Tendrá algún producto para crecer el pelo? - pidió serenamente.
- ¿Qué se cree? Milagro fue que saliera de la coma- respondió Douglas, un poco indignado.
Aturdido, Raúl pasó a pensar en lo que anteriormente le indicó el doctor y a repetir la oración en su mente: “su familia lo sabe todo.” No le importó averiguar si era verdad lo que había escuchado. Sus planes se habían alterado, y tendría que enfrentarse a su familia. No quiso perder tiempo y se vistió para largarse.
            - ¡Menudo plan el que tuviste, Raúl Rosario! ¡Vaya genio! – interrumpió el doctor, tuteándole y emocionado por primera vez desde que trabaja en ese hospital.
            - ¡Qué sabe usted! – respondió casi llorando Raúl.
            - Mi padre, tu cómplice, también se reía de ti. Me dijo cómo tú mismo le pediste la coma. ¡Y todo por tus locuras!- se burló.
            - ¡A la mierda usted y su padre! – sollozó Raúl, airado.
            Pero Douglas decía la verdad. Raúl, un hombre rico y aburrido, tenía claro su vicio: la tecnología. Su afán extremo por descubrir nuevos horizontes tanto tecnológicos como científicos lo llevó un día contra la pared: le desesperaba la lentitud de la década, de manera que decidió hacer un salto hacia el futuro con la ayuda de Douglas padre un veintidós de agosto de 1981. Despertaría treinta años después sintiendo que sólo minutos habrían pasado. Nunca le mencionó nada a su familia, y había organizado el accidente en la número dos con mucha cautela. Pero Douglas padre, luego de varios años, viendo cómo sufría la esposa, le hizo saber a la familia sus planes. El problema de Raúl, este hombre dizque moderno, no sería lidiar con los cambios de los tiempos: ¡este precisamente era su anhelo! No tendría que acostumbrarse al siglo nuevo, sino que se lanzaría de lleno hacia él, hacia lo nuevo; quería que lo saturasen de novedades.
II
            Llegó a su casa cerca del mediodía. Reconoció su antiguo domicilio por fuera, mas no por dentro; estaba ansioso por descubrirlo nuevamente. Entró sin fijarse en los nuevos ornamentos, en el cambio infraestructural de la casa. Raúl no vio que lo único que permanecía casi igual después de tantos años era la localización de su cuarto con su mujer; no vio que su antiguo jardín estaba cubierto por cemento, que el perro Maxi no rondaba ya por la casa, y que la mesa de cenar larga que dividía la casa por la mitad había sido sustituida por un mostrador sencillo y minúsculo en donde jamás podrían caber las cuatro personas que constituían su familia. Quizás lo más imperdonable fue que al entrar a su antiguo cuarto, no se le ocurrió averiguar que el hombre extraño y canoso que abrazaba a su mujer en la foto sobre la mesita de noche, no era él. Examinó el cuarto superficialmente y sólo se interesó por una botellita de pastillas. Como con el producto del pelo, sobrestimó a este “invento del futuro” de acuerdo a sus fantasías ochentosas y pensó que servirían para acceder a estados mentales con capacidades síquicas sin límites. Sin embargo, la etiqueta de la botella simplemente leía “PASTILLAS ANTIDEPRESIVAS”, y al no entender esas palabras, la echó a un lado.
            De momento, escuchó en la sala de la casa a un hombre hablando. Zarpó de su cuarto y repentinamente se topó con dos bolas de grasas sentadas en un diván, las cuales, de no ser por sus voces, jamás hubiera podido reconocer: Jane y Lisa, sus dos hijas.
            -¿Pa-padre?- titubeó Lisa, y se desmayó.
            Jane, por otro lado, recibió a su padre con la misma apatía con la cual Douglas lo vio resucitar. Con sus ojos achinados por la gordura de su cara, lo ojeó por un segundo,  lo descartó rápidamente tal como si fuera una de las millones de fotos de sus amigas conocidas y desconocidas que veía a diario por las redes sociales, y volvió a ensimismarse en su computadora portátil. Antes de permitirse reaccionar al desfallecimiento de Lisa, Raúl centró su mirada en el aparato plano y liso que frente a él mostraba a un hombre negro engabanado en el Capitolio dirigiéndose ante un público numeroso. Raúl, cuya mentalidad no había cambiado desde 1981, se conmovió tanto de lo que veía en la televisión que empezó a alabar en alto los “efectos visuales” de lo que supuso que era la nueva versión de Planet of the Apes, y así continuó hasta que Jane le indicó que se trataba de un discurso del presidente de los Estados Unidos. Ignoró el comentario y sólo se interesó por saber de qué iba la computadora portátil que su hija llevaba en su falda.
            - ¿Qué es eso? – preguntó Raúl con un entusiasmo que intentaba contrarrestar la indiferencia de Jane.
            - ¿Qué más va a ser? Es mi “laptop” – dijo automáticamente.
            - ¿Y qué haces con ella? – con un entusiasmo inigualable mientras miraba la pantalla.
            - Eh… ¿Hello? Tratando de socializar con mis amigas, tú sabes. Es Facebook, nada nuevo. Si estás aburrido, usa el internet del “Iphone” de Lisa, a ver si así reacciona y vuelve en sí – dijo en un tono burlesco y distanciado.
            Le emocionó enterarse de cómo ahora socializar no estaba ligado ni a ser una persona sociable, ni a hablar con otras personas, ni a tan siquiera estar físicamente presente. Ahora se podría ser un poco más impersonal. De todas maneras, le costó casi media hora darse cuenta de que aquel “Iphone” era el rectángulo pequeño y negro sin botones para pulsar que sonaba como el R2D2 de la famosa “Star Wars”. A parte de la hija desmayada, la sala ahora contaba con Jane y Raúl (que más que parientes pasaban por extraños), cada uno concentrado en su máquina.
            Ya un poco desesperado, le pidió a la hija que le explicase cómo funcionaba el teléfono. Jane sólo respondió que el internet estaba lento. Raúl no entendía los infinitos cuadrillos que aparecían en la pantallita del teléfono e intentó resolver aquel rompecabezas. Sudaba entre la ansiedad y desesperación: estaba en el punto climático de su plan; tenía frente a sí por primera vez uno de los muchos avances que se había imaginado hacía treinta años. Le había fallado el producto de pelo, las pastillas, la televisión, pero aún quedaba esta ilusión. Comenzaba a hiperventilar luego de que otra media hora pasaba y aún seguía sin entender qué aguantaba en sus manos. Luego de pedirle ayuda por varias veces a su hija, finalmente encontró dónde podría entrar al internet. Vio que la pantalla leía “Cargando página principal”, y que más rápido que el teléfono bajaban las gotas de sudor por su frente. Su latido se hacía cada vez más fuerte, y llegó al punto de agobiar a su hija.
            - Te dije que el “wi-fi” está lento- dijo Jane interrumpiendo el momento íntimo entre su padre y la tecnología.
            Raúl, que no entendía el lenguaje de su hija, ignoró el comentario. Trató de hacer que funcionara la máquina pero luego de dos horas, se rindió. Justo ahí sonó la puerta y entró el hombre que abrazaba a la mujer de Raúl en la foto de su cuarto.
            - ¡Ah, es usted! Del hospital me llamaron para informarme que vendría. ¿Cómo se encuentra? – dijo el hombre.
- ¿Quién es usted?- dijo Raúl ignorando su saludo.
            - Soy Francisco… he criado a sus dos hijas, señor Rosario-
            - ¿Y mi esposa? –
            Y luego de una pausa alargada, Raúl entendió que había fallecido.
III
            Finalmente desanimado, se levantó y pidió que llamaran al taxista. Comprendió que no solo habían pasado treinta años, sino que los había perdido. Llegó al hospital y fue adonde Douglas, que se compadeció del pobre loco al verlo derrotado.
            - ¿Lo intentas una vez más? – preguntó el doctor.
            - Esta vez, no me despiertes – y calló Raúl.

**El autor es estudiante de Lenguas Extranjeras en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. 

Convocatoria abierta a Ocupar la literatura


Por este medio quisiéramos convocar a todos esos escritores puertorriqueños interesados en difundir su obra. En Ocuppay ofrecemos un espacio de crítica y difusión para todo aquello que publiquen dentro y fuera de sus respectivos Blogs. En Occupay fomentamos la discusión, pues entendemos que es nuestro deber utilizar los medios para darnos a conocer y hacernos espacio en la escena. Si estás interesad@ lo único que debes hacer es escribirnos un “mail” a: inedicionesoccupay@googlegroups.com
Aquí evaluaremos el contenido y le dejaremos saber si lo publicamos o no. El fin de esto es fomentar la crítica constructiva y responsable (no permitimos la difamación). Por favor intenten corregir sus textos lo mejor posible. Contamos con una junta editorial, pero somos estudiantes y no nos dedicamos a esto (por ahora). No contamos con un formato especifico de publicación (recomendamos letra Times New Roman), pero si es importante que en caso de que su escrito no sea seleccionado se le notificará y explicará el motivo, así como algunos “tips” para que nos lo reenvíen.
¿Qué estas esperando?¡Atrévete! y se parte de este movimiento …