Recientemente tuve el placer de leer la novela “Los impostores” del escritor colombiano Santiago Gamboa. En ésta el ingenioso escritor nos muestra a través de múltiples voces su dominio del lenguaje, los tiempos y sobre todo una trama que hace no querer soltar el libro para ir al baño. Esta pluralidad de voces, en principio acostumbrada en la obra de Gamboa, me hizo en cierto momento despreciar a uno de sus personajes por su escualidez y patetismo a través de su historia. Sin embargo, estos días me parece muy oportuno repensarlo y darle una segunda oportunidad en la vida.Nelson Chochún Otalora representa un profesor latinoamericano que vive anhelando el reconocimiento internacional por su obra literaria. Sin embargo a pesar de haber escrito varias novelas y auto distribuirse por la librerías, apenas logra que sus amigos cercanos lo lean. Sus amigos literarios lo celebran y le auguran un futuro formidable y por eso él vive creyendo que lo están marginando de algún modo. A pesar de que en la trama este cobra una importancia por otras razones que no mencionaré (para no dañar la lectura), al reevaluar mi travesía por la trama me di cuenta que posiblemente a eso nos estemos dirigiendo los jóvenes que abrazamos la literatura, olvidándonos de los grandes obstáculos que representa el anhelar vivir puramente del arte.
Más allá del tiempo dedicado a la lectura, los rechazos, la carencia de mercado (en Puerto Rico), se nos olvida que los tiempos de la gran literatura han cambiando y que hace un siglo prácticamente, se nos ha “profetizado” que es tiempo de reevaluar nuestros medios de expresión y cambiar el enfoque. Vivimos en una burbuja de exclusión y lo que llega a la isla es el excedente cultural de Europa, Estados Unidos y uno que otro latinoamericano que se cuela en los supermercados y la “microburbuja” de Río Piedras. Vivir en esa burbuja nos condiciona el pensamiento y cohíbe nuestra capacidad de Deconstrucción y creación.
Digo esto pues reevaluando aquel personaje que tanto repudié en la obra, entendí que hay que aprender a trascender el modelo de literaturas nacionales–aunque ya esto se ha hecho bastante en todo Latinoamérica– me he dado cuenta que en nuestra isla, usualmente solo nos remitimos a la generación del 70/80 y a clásicos como Zeno Gandía y Alonso, olvidándonos de una fructífera gama de escritores y propuestas que existen en este espacio geográfico pero que no necesariamente navegan dentro de la corriente nacional. Estos salmones –por así decirlo– deberían representar el futuro de nuestra literatura. Sin embargo apenas logran salpicar las costas de Río Piedras y su obra poco a poco se difunde entre los adeptos a este arte.
Chochún Otalora nos induce a repensar el modelo. El autor (Gamboa) lo presenta como un escritor que desde un modelo nacional aspira al mundo y tal vez por eso su obra no trasciende. ¿Cómo un lector se podría interesar por un desconocido, cuando históricamente hay gigantes que le preceden? O en otras palabras del refranero común: Más vale malo conocido que bueno por conocer.
La literatura en la isla crece a medida que la retomamos dándole oportunidad a estirpes perdidas, a la renovación literaria que hace más de una década florece bajo la sombra de los gigantes petrificados. Gigantes como Adorno y Walter Benjamin nos avisaron sobre esta situación, pronosticándonos el fin de la literatura tradicional. Nosotros (los adeptos a la literatura) debemos repensar y tomar acción a través de esos géneros menores que como gérmenes van ocupando el plano tradicional. Poco a poco veo que son más lo que lo hacen. Pero más aun son los que aspiran a lo tradicional.
Tomar estos géneros menores significa una reestructuración de carácter cualitativo y cuantitativo. Si antes los libros valían por peso y calidad. Hoy se valoran por “liviandad” e interpretación. Mientras más corto y profundo mejor. La capacidad de síntesis nace o si no la obra muere. La linealidad argumentativa se entre corta y el cierre contundente (en algunos casos) se omite(como en el mapa y el territorio de Houllebec). Saber esto nos reta y hasta en cierto sentido nos frustra pues parece más una debacle que una verdadero sentido de renovación.
Sin embargo a pesar de la aparente debacle y la reconfiguración estética creo que aquí está nuestra oportunidad. Aquí está el espacio en donde la literatura en Puerto Rico puede tomar el liderato y solidificarse. Nuestra historia lo permite. Somos los fragmentos que se unieron en el tiempo y por ello somos los que mejor podemos fragmentar con razón. Por eso más allá de subvertir al personaje (Nelson Chochún Otalora), la historia, y promover la indiscreción creo que es tiempo de tomar al toro por los cuernos o quedarnos viviendo del sueño ante el vino y el queso con nuestros amigos literarios.
**El autor es estudiante de Geografía y Literatura Hispanica en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Contacto: http://mitchelldeleon.blogspot.com
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