jueves, 8 de marzo de 2012

Sobre ocupar la literatura



En Occupay entendemos que el lenguaje es el arma más poderosa. Así como los pueblos se unificaron con el lenguaje (bajo normalización) este tiene la capacidad de liberarnos de las estructuras de poder. Es por eso que motivamos a la ocupación del mismo. Sabemos que desde la periferia, coexisten la voces que han de señalar aquellos puntos que como individuos no vemos o que nuestras imaginaciones –a veces– nos limitan.
            Ocupar la literatura se trata de atreverse a salir de la conformidad. Atreverse a explorar la imaginación y dar a conocer las voces que habitan en nuestra mente. Buscamos voces atrevidas, desconcertantes, conservadoras y liberales. En otras palabras un “sancocho” literario. En Puerto Rico existe una literatura que no tiene nada que envidiarle al resto del mundo, pero es nuestro deber promoverla y darla a conocer.
            Hoy día con el auge tecnológico existen muchas maneras de publicar y darnos a conocer. Sin embargo esta diversidad también puede ser un agente excluyente. La marea mediática nos mantiene bajo la sombra de las grandes compañías y páginas webs. Es hora de que esa pluralidad la unifiquemos en un esfuerzo capaz de trascender las limitaciones de nuestra Geografía. Ayúdanos a promover la cultura literaria en Puerto Rico y  seamos parte de la ocupación.




- Mitchell de León**




**El autor es estudiante de Geografía y Literatura Hispanica en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras 

Estoy triste - Deyler del Prado**


Estoy triste, no me preguntes el ¿por qué?
Sería difícil responder y el silencio se haría interminable.
Siempre que no te tengo ocurre lo mismo:
se paralizan los relojes, se duerme el tiempo,
la tristeza se hace dueña de mis horas
y en cada minuto se ahoga un llanto,
un llanto de nostalgia y soledad errantes.
A veces temo que tantas lágrimas reprimidas
maten a mi corazón enamorado.
Estoy triste, pero no importa; sigo esperando…
Tu silueta angelical está por llegar
y entonces tus ojos se encontrarán con los míos;
tu voz acariciará mis oídos,
y habré olvidado
que estaba triste y no quería decir el ¿por qué?

El autor es estudiante de Historia y Política en Las Tunas, Cuba. 

lunes, 5 de marzo de 2012

Promecía - Mitchell De León**






En este país tan frío
  Donde me ha olvidado el amparo:
            Los callos como amigos me saludan,
            El hambre a mi puerta se asoma
                        y el bolsillo solo exhala.
Me he dispuesto
             A funcionar en función de lo legado
                        A deconstruir la cultura ante el miedo.
Y aunque mi invisibilidad se note a leguas
            Entenderé a este ruin que aún me lleva el oro
                        Pero le llevo su lengua
                                    Y la gozo
                                                La amortiguo
                                                            La río
Y la cago.
            Por que si
                        Por que me lo merezco
Por que si romántica ha de ser la añoranza
Que post-románico sea mi declive.

Y la burbuja acostumbrada que se calme
que aunque extraño su acogedora tutela
Reviento de furia ante sus calumnias.

**El autor es estudiante de Geografía y Literatura Hispanica en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras
Contacto: http://mitchelldeleon.blogspot.com/2012/03/promecia.html

domingo, 4 de marzo de 2012

Modern Times - Reynaldo Aponte**


Modern Times
I
Aquel veintidós de agosto de 2011, tal como lo había planificado, Raúl abrió los ojos por primera vez después de tres décadas en estado de coma. El doctor Douglas, cuyo padre recibió al recién ingresado poco después del fingido accidente en la autopista número dos en 1981, apenas reaccionó al ver a aquella momia resucitar casi naturalmente, por su propia voluntad.
Los dos hombres se miraron mutuamente por medio segundo, cada cual para confirmar que lo ocurrido era cierto. Para los dos, el suceso fue un alivio: Douglas tendría un moribundo menos que cuidar, y Raúl ya habría superado la primera parte de su plan. Raúl notó que ya no estaba en la misma sala en donde su fallecido cómplice, Douglas padre, lo había inducido a la coma por acuerdo secreto, y que ahora estaba a sólo dos pasos de la morgue del hospital.
–Pensaron que iba a morir. Idiotas- se dijo Raúl.
–Y no está mal pensarlo. Su familia lo sabe todo – respondió Douglas con la misma indiferencia con que lo vio despertar.
Ignoró esas últimas palabras e intentó recogerse. La parsimonia del doctor terminó por agobiarle, y se levantó para lavarse la cara. Casi había olvidado los años que habían pasado desde que se miraba en un espejo, y descubrió un poco sorprendido su cabeza calva, y los parchos de cabello que quedaban ya sin rastro de pigmentación.
- ¿Tendrá algún producto para crecer el pelo? - pidió serenamente.
- ¿Qué se cree? Milagro fue que saliera de la coma- respondió Douglas, un poco indignado.
Aturdido, Raúl pasó a pensar en lo que anteriormente le indicó el doctor y a repetir la oración en su mente: “su familia lo sabe todo.” No le importó averiguar si era verdad lo que había escuchado. Sus planes se habían alterado, y tendría que enfrentarse a su familia. No quiso perder tiempo y se vistió para largarse.
            - ¡Menudo plan el que tuviste, Raúl Rosario! ¡Vaya genio! – interrumpió el doctor, tuteándole y emocionado por primera vez desde que trabaja en ese hospital.
            - ¡Qué sabe usted! – respondió casi llorando Raúl.
            - Mi padre, tu cómplice, también se reía de ti. Me dijo cómo tú mismo le pediste la coma. ¡Y todo por tus locuras!- se burló.
            - ¡A la mierda usted y su padre! – sollozó Raúl, airado.
            Pero Douglas decía la verdad. Raúl, un hombre rico y aburrido, tenía claro su vicio: la tecnología. Su afán extremo por descubrir nuevos horizontes tanto tecnológicos como científicos lo llevó un día contra la pared: le desesperaba la lentitud de la década, de manera que decidió hacer un salto hacia el futuro con la ayuda de Douglas padre un veintidós de agosto de 1981. Despertaría treinta años después sintiendo que sólo minutos habrían pasado. Nunca le mencionó nada a su familia, y había organizado el accidente en la número dos con mucha cautela. Pero Douglas padre, luego de varios años, viendo cómo sufría la esposa, le hizo saber a la familia sus planes. El problema de Raúl, este hombre dizque moderno, no sería lidiar con los cambios de los tiempos: ¡este precisamente era su anhelo! No tendría que acostumbrarse al siglo nuevo, sino que se lanzaría de lleno hacia él, hacia lo nuevo; quería que lo saturasen de novedades.
II
            Llegó a su casa cerca del mediodía. Reconoció su antiguo domicilio por fuera, mas no por dentro; estaba ansioso por descubrirlo nuevamente. Entró sin fijarse en los nuevos ornamentos, en el cambio infraestructural de la casa. Raúl no vio que lo único que permanecía casi igual después de tantos años era la localización de su cuarto con su mujer; no vio que su antiguo jardín estaba cubierto por cemento, que el perro Maxi no rondaba ya por la casa, y que la mesa de cenar larga que dividía la casa por la mitad había sido sustituida por un mostrador sencillo y minúsculo en donde jamás podrían caber las cuatro personas que constituían su familia. Quizás lo más imperdonable fue que al entrar a su antiguo cuarto, no se le ocurrió averiguar que el hombre extraño y canoso que abrazaba a su mujer en la foto sobre la mesita de noche, no era él. Examinó el cuarto superficialmente y sólo se interesó por una botellita de pastillas. Como con el producto del pelo, sobrestimó a este “invento del futuro” de acuerdo a sus fantasías ochentosas y pensó que servirían para acceder a estados mentales con capacidades síquicas sin límites. Sin embargo, la etiqueta de la botella simplemente leía “PASTILLAS ANTIDEPRESIVAS”, y al no entender esas palabras, la echó a un lado.
            De momento, escuchó en la sala de la casa a un hombre hablando. Zarpó de su cuarto y repentinamente se topó con dos bolas de grasas sentadas en un diván, las cuales, de no ser por sus voces, jamás hubiera podido reconocer: Jane y Lisa, sus dos hijas.
            -¿Pa-padre?- titubeó Lisa, y se desmayó.
            Jane, por otro lado, recibió a su padre con la misma apatía con la cual Douglas lo vio resucitar. Con sus ojos achinados por la gordura de su cara, lo ojeó por un segundo,  lo descartó rápidamente tal como si fuera una de las millones de fotos de sus amigas conocidas y desconocidas que veía a diario por las redes sociales, y volvió a ensimismarse en su computadora portátil. Antes de permitirse reaccionar al desfallecimiento de Lisa, Raúl centró su mirada en el aparato plano y liso que frente a él mostraba a un hombre negro engabanado en el Capitolio dirigiéndose ante un público numeroso. Raúl, cuya mentalidad no había cambiado desde 1981, se conmovió tanto de lo que veía en la televisión que empezó a alabar en alto los “efectos visuales” de lo que supuso que era la nueva versión de Planet of the Apes, y así continuó hasta que Jane le indicó que se trataba de un discurso del presidente de los Estados Unidos. Ignoró el comentario y sólo se interesó por saber de qué iba la computadora portátil que su hija llevaba en su falda.
            - ¿Qué es eso? – preguntó Raúl con un entusiasmo que intentaba contrarrestar la indiferencia de Jane.
            - ¿Qué más va a ser? Es mi “laptop” – dijo automáticamente.
            - ¿Y qué haces con ella? – con un entusiasmo inigualable mientras miraba la pantalla.
            - Eh… ¿Hello? Tratando de socializar con mis amigas, tú sabes. Es Facebook, nada nuevo. Si estás aburrido, usa el internet del “Iphone” de Lisa, a ver si así reacciona y vuelve en sí – dijo en un tono burlesco y distanciado.
            Le emocionó enterarse de cómo ahora socializar no estaba ligado ni a ser una persona sociable, ni a hablar con otras personas, ni a tan siquiera estar físicamente presente. Ahora se podría ser un poco más impersonal. De todas maneras, le costó casi media hora darse cuenta de que aquel “Iphone” era el rectángulo pequeño y negro sin botones para pulsar que sonaba como el R2D2 de la famosa “Star Wars”. A parte de la hija desmayada, la sala ahora contaba con Jane y Raúl (que más que parientes pasaban por extraños), cada uno concentrado en su máquina.
            Ya un poco desesperado, le pidió a la hija que le explicase cómo funcionaba el teléfono. Jane sólo respondió que el internet estaba lento. Raúl no entendía los infinitos cuadrillos que aparecían en la pantallita del teléfono e intentó resolver aquel rompecabezas. Sudaba entre la ansiedad y desesperación: estaba en el punto climático de su plan; tenía frente a sí por primera vez uno de los muchos avances que se había imaginado hacía treinta años. Le había fallado el producto de pelo, las pastillas, la televisión, pero aún quedaba esta ilusión. Comenzaba a hiperventilar luego de que otra media hora pasaba y aún seguía sin entender qué aguantaba en sus manos. Luego de pedirle ayuda por varias veces a su hija, finalmente encontró dónde podría entrar al internet. Vio que la pantalla leía “Cargando página principal”, y que más rápido que el teléfono bajaban las gotas de sudor por su frente. Su latido se hacía cada vez más fuerte, y llegó al punto de agobiar a su hija.
            - Te dije que el “wi-fi” está lento- dijo Jane interrumpiendo el momento íntimo entre su padre y la tecnología.
            Raúl, que no entendía el lenguaje de su hija, ignoró el comentario. Trató de hacer que funcionara la máquina pero luego de dos horas, se rindió. Justo ahí sonó la puerta y entró el hombre que abrazaba a la mujer de Raúl en la foto de su cuarto.
            - ¡Ah, es usted! Del hospital me llamaron para informarme que vendría. ¿Cómo se encuentra? – dijo el hombre.
- ¿Quién es usted?- dijo Raúl ignorando su saludo.
            - Soy Francisco… he criado a sus dos hijas, señor Rosario-
            - ¿Y mi esposa? –
            Y luego de una pausa alargada, Raúl entendió que había fallecido.
III
            Finalmente desanimado, se levantó y pidió que llamaran al taxista. Comprendió que no solo habían pasado treinta años, sino que los había perdido. Llegó al hospital y fue adonde Douglas, que se compadeció del pobre loco al verlo derrotado.
            - ¿Lo intentas una vez más? – preguntó el doctor.
            - Esta vez, no me despiertes – y calló Raúl.

**El autor es estudiante de Lenguas Extranjeras en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. 

Convocatoria abierta a Ocupar la literatura


Por este medio quisiéramos convocar a todos esos escritores puertorriqueños interesados en difundir su obra. En Ocuppay ofrecemos un espacio de crítica y difusión para todo aquello que publiquen dentro y fuera de sus respectivos Blogs. En Occupay fomentamos la discusión, pues entendemos que es nuestro deber utilizar los medios para darnos a conocer y hacernos espacio en la escena. Si estás interesad@ lo único que debes hacer es escribirnos un “mail” a: inedicionesoccupay@googlegroups.com
Aquí evaluaremos el contenido y le dejaremos saber si lo publicamos o no. El fin de esto es fomentar la crítica constructiva y responsable (no permitimos la difamación). Por favor intenten corregir sus textos lo mejor posible. Contamos con una junta editorial, pero somos estudiantes y no nos dedicamos a esto (por ahora). No contamos con un formato especifico de publicación (recomendamos letra Times New Roman), pero si es importante que en caso de que su escrito no sea seleccionado se le notificará y explicará el motivo, así como algunos “tips” para que nos lo reenvíen.
¿Qué estas esperando?¡Atrévete! y se parte de este movimiento …