“El brillo
de las latas, Tiradas sobre la brea
El entremezclar del Desagüe
y el arrepentimiento”
Con estas palabras Fernando Mercado** nos deja “ El Lamento” que sin duda, nos hace un llamamiento a la añoranza de un pasado
prístino en donde los olores y las imágenes se funden con el “Pan de cada día”. Un pasado distópico y
creador. La oportunidad del desamor. Un juego entre el inconsciente, la empiria
y la nostalgia.
Obras como estas nos instan a pensar
sobre la degradación del amor que en primera instancia representa la
Universidad ante muchos de nosotros. Un amor ingenuo y romántico que nos nutre
ante un mundo de subversión, indiferencia e infoxificación. De esta manera
Mercado nos invita a una cerveza ajena, regalándonos
un instante para poner la cabeza sobre el hombro, lamentarnos y reconsiderar
esa vivencia que representa la universidad y su entorno.
He aquí la evidencia:
“El Lamento
Fingí frente a
todos
Haber tenido
un amigo
Imaginario.
Les mentí,
y con eso no
había problema
Hasta que se
me sentó al lado
Con sus pieles
curtidas Y sus ojos
Rojos de
cansancio
y fuck it.
Olor de cuero,
Tabaco, sudor
Y más que nada
Arrepentimiento.
No supe que
hacer ni decir,
Y menos mal
que no hice nada,
Seguí
fingiendo no verlo,
Y a mi oído
dijo:
-Se tu pensar,
¿Que preguntarle a una ficción?,
Pichea mijo,
Mejor…
Escucharle
Lo miré
El perfecto
Nondescript
universitario
Un profesor
retirado quizas
Dirían los que
me viesen,
Pero le seguí
el jueguito
Down the
rabbit hole.
Yo nací aquí frente a la universidad
Y déjame decirte mijo,
Éstas pieles han visto mucho.
El brillo de las latas
Tiradas sobre la brea
El entremezclar del
Desagüe y el arrepentimiento
Pero pan de cada día
Tu sabes,
Viste…
¿Tu sabes?
No importa.
¿Por donde iba?
Estas pieles, si,
Latas y desagües
Y mi lamento,
Si.
Mira que me inventaste
Y desconoces,
Pero no te preocupes
Que te lo cuento
Y lo tienes que escuchar
Porque soy un viejo,
ñeta.
La olvidé,
Así de simple.
Aún veo, quizás
algo de
ella
Su iris era en espiral
Y el color de su traje favorito
Un amarillo claro,
Ella olía diferente a esto,
Al jardín botánico,
A las amapolas que ya no tienen,
Al empujón que me daba
… al empujón que me dabas,
Ay mírame,
hablándole al viento,
Es difícil no hacerlo mijo.
Pero no puedo,
Nunca puedo hablar de ella
Sin hablarle de tu.
Pues hazlo,
dije,
Ni modo ah,
¿Aún finges?
Nevermind.
Pero si,
Me dirán romántico
Y clichoso
Pero olías a amapolas
Siento una levedad de tu contorno,
En el sepia mohoso
De la memoria
…
Mi mayor lamento es
Que dejé atrás tu nombre
Hace mil atardeceres
En esos días de arrepentimiento
Desagües y cervezas.”
**El autor es escritor, antropólogo y estudiante de derecho.
Para leer más sobre el mismo accede a : http://neojibarismo.blogspot.com

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